Castillo de Alcalá de Guadaíra

Sevilla enamora

Doñana se extiende en una inmensa llanura entre Sevilla y el Océano Atlántico. Sol, aire, agua y barro son los protagonistas en cientos de kilómetros a lo largo de esta enorme cubeta geológica despoblada, historia de una Andalucía erosionada, transportada y sedimentada aquí por millones de años.

Al este del pueblo, se hallaba en época megalítica un poblado y una necrópolis formada por catorce tumbas. Las tumbas se alinean a lo largo del río Guadiamar y arroyos cercanos, extendiéndose unos nueve kilómetros.

Los valores ecológicos y ambientales del arroyo de Pilas favorecieron su inclusión en 1997 en los límites del Parque Natural de Doñana. Se trata de un corredor ecológico de 12 km, calificado como un típico arroyo estacional de la región mediterránea, en el que se han encontrado hasta 50 variedades de plantas y un número muy superior de animales, de los cuales sólo 42 son especies de aves.

El Brazo de la Torre era uno de los tres grandes brazos que conformaban el río Guadalquivir, después de la colmatación del Lago Ligustino que ocupaba todo el estuario del río en época del Imperio Romano.

Este terreno corresponde con la parte más alta de la villa, probablemente enclave de los primeros asentamientos humanos en la zona, tal como parecen demostrar los hallazgos cerámicos y de monedas libio-púnicas.

Los pinares de Aznalcázar constituyen uno de los espacios forestales de mayor interés ecológico dentro de la provincia de Sevilla.

Situada muy cerca de la localidad de Aznalcázar, esta área recreativa permitirá al visitante disfrutar del frescor y relax que proporciona su abundante vegetación y la cercanía del río Guadiamar.