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Sevilla enamora

La Casa de Murillo está situada en el número 8 de la calle Santa Teresa, en la parroquia de Santa Cruz, y fue la penúltima residencia familiar del artista. En ella vivió Murillo como un pintor plenamente reconocido y admirado por la sociedad sevillana del momento y fue donde estuvo emplazado el obrador donde el artista trabajó los últimos años de su vida.

Este barrio de Santa Cruz era una parte de la antigua judería de Sevilla. Empezamos la visita por el Patio de Banderas. Desde aquí parte la acodada calle Judería que nos introducirá de lleno en un barrio lleno de magia y leyenda: Santa Cruz.

Fundado como Museo de Pinturas en 1835, abrió sus puertas al público en 1841 con las obras procedentes de conventos y monasterios desamortizados, ocupando el antiguo convento de la Merced Calzada, fundado por San Pedro Nolasco tras la conquista de Sevilla en 1248.

Es el único templo de Sevilla que conserva restos de las tres religiones. Antigua mezquita, después, por privilegio del rey Alfonso X (1252), pasa a ser sinagoga, siendo consagrada como templo cristiano en 1391.

Se empezó a construir como una casa señorial en el siglo XVI. En sus orígenes perteneció a la familia Paiba y posteriormente a los condes de Corbos y los condes de Miraflores. Fue en el año 1901 cuando pasó a ser propiedad de Regla Manjón Mergelina, la condesa de Lebrija, que llevó a cabo una restauración y lo acondicionó para poder albergar antigüedades.

Fue fundado hace más de tres siglos por el canónigo Justino de Neve para acoger y dar cuidado a clérigos ancianos y desvalidos.

El edificio data del siglo XVII y es la sede de una institución benéfica promovida por Miguel de Mañara, un filántropo que se preocupó por los más desfavorecidos. En muchos otros hospitales no admitían a indigentes enfermos, así que él decidió curar a esos enfermos en la propia Hermandad de la Santa Caridad e inauguró la primera enfermería del hospital en junio de 1674.