Écija Iglesia de los Descalzos

Sevilla, bella y diversa

Romería Nuestra Señora de Valme

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La Romería de Valme es una de las más importantes de Andalucía no sólo en cuanto a número de peregrinos sino en cuanto a antigüedad y tradición. La primera romería tuvo lugar el 28 de octubre de 1894. En esa fecha se llevó por primera vez, desde el pueblo, a la Virgen en una carreta de flores hasta su antigua capilla, la ermita que mandó construir Fernando III tras conquistar Sevilla, gracias a su mediación, según dice la leyenda. La romería se celebró, a partir de esa fecha, anualmente hasta 1899, cuando, por falta de medios, dejó de celebrarse. Se reanudó en 1916. A partir de entonces, se ha venido celebrando todos los años, salvo en el primer bienio de la Segunda República (1931-1933) y entre 1936 y 1938 por la Guerra Civil. Pero ha sido en las últimas décadas cuando esta fiesta ha adquirido un mayor auge, sobre todo desde la Coronación Canónica de la Virgen en 1973.

Fue declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional en 1976. En Dos Hermanas, la romería de Valme es considerada “fiesta mayor”. Prueba de ello es que en las vísperas se congregan miles de reuniones de familiares y amigos para arreglar sus carretas, galeras, coches de caballos, y para preparar los platos que llevarán a la romería. La peregrinación se celebra el tercer domingo de octubre. Destaca esta romería por la perfección alcanzada en los diseños y confección de las carretas que acompañan a la Virgen. Dichas carretas, así como la propia carreta de la Virgen, van sobre dos ruedas y están realizadas íntegramente a mano, con flores de papel de seda rizado. Yuntas de bueyes tiran de ellas. Además de las carretas, acompañan a la Virgen de Valme las denominadas “galeras”, que son remolques agrícolas, con ruedas de goma y mayores dimensiones que las carretas y que van también adornadas con flores de papel rizado, aunque con un grado de complejidad y perfección en su diseño menor que el de las anteriores.

La mayoría de los fieles peregrina andando cerca de la carreta de la Virgen, a la que siguen las carretas y galeras. También van muchos a caballo, típicamente ataviados como jinetes y amazonas “a la vaquera”. La fiesta comienza a las 8 de la mañana, con la salida de la Virgen desde la Parroquia de Santa María Magdalena, y finaliza a últimas horas de la noche, en el mismo lugar. El camino se sigue realizando por la Carretera Vieja que une Dos Hermanas con la sevillana barriada de Bellavista. Una carretera estrecha y sinuosa que regala bellas estampas, como, por ejemplo, en los parajes de Barranco, al pasar el arco de la Hacienda de Doña María, o en la “Cuestaelinglés”, cuando la pendiente del camino, muestra Sevilla en el horizonte. Las horas centrales del día, con la llegada de la Virgen a la ermita, son uno de los momentos más especiales de la romería. El resto de la jornada se pasa comiendo o cantando en los predios del Cortijo de Cuarto y también rezando a los pies de la Virgen. La vuelta se inicia a las 6 de la tarde. 

Para hablar de la Virgen de Valme debemos remontarnos, según una antigua tradición, al año 1248, fecha en la que el rey Fernando III conquista Sevilla. Tal y como recogen algunos autores en sus obras - entre otros, Diego Ortiz de Zúñiga y Fernán Caballero (Cecilia Böhl de Faber)- cuando el Santo Rey comprobó la dificultad de tomar la capital hispalense y el abatimiento de sus tropas invocó, en el Cerro de Cuartos, a una Imagen de la Virgen que llevaba consigo: “¡Váleme, Señora, que si te dignas hacerlo, en este lugar te labraré una capilla, en la que a tus pies depositaré como ofrenda, el pendón que a los enemigos de España y de nuestra Santa Fe conquiste!”. La leyenda añade que, entonces, ordenó al maestre Pelay Pérez Correa que clavara su espada en el suelo, brotando al momento un manantial - la “Fuente del Rey” - que sirvió para calmar la sed de los soldados. Una vez conquistada Sevilla, el monarca cumplió su promesa y construyó una ermita en el lugar mencionado; en esta colocó la imagen a la que invocó y la llamó Valme en recuerdo de su súplica. A sus pies colocó el pendón arrebatado a los musulmanes. La ermita se convirtió pronto en lugar de peregrinaje.

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